La ciudad de Mérida fue un importante enclave durante los primeros siglos de nuestra era, en época romana como así atestiguan sus ruinas. Fue fundada por Carisio en el año 25 a.c para albergar a las legiones romanas V y X, licenciadas por el emperador Augusto tras las exitosas guerras cántabras. El poeta clásico Ausonio dijo de ella que era la novena ciudad más importante de todo el imperio romano.
El teatro romano fue construido entre los años 16 y 15 ac. y llegó a albergar a más de 6000 espectadores. Su buen estado de conservación ha permitido que sirva de foro a diversas actuaciones y actividades culturales, como los festivales de verano de teatro clásico que se dan en la actualidad en su interior. Junto a éste se encuentra el anfiteatro que fue inaugurado en el año 8 a.c., de planta elíptica que llegó a albergar a más de 15000 espectadores. Fue tallado y excavado en un cerro con gradas y vomitorios y completa su construcción el empleo del hormigón. Los materiales empleados fueron la mampostería, los sillares y el granito. Fue reformado con posterioridad en la época de la dinastía de los Flavios. En su interior se celebraron importantes juegos y actividades lúdico-deportivas propias de los romanos, como luchas de gladiadores, naumaquias o combates navales, etc. Su antiguo esplendor le hace ser comparable al de Itálica en Sevilla o el de Tarragona. Próximo a ellos se encuentra el Museo Nacional de arte romano que en resumen estudia el modus vivendi de los romanos en tierras hispanas durante los primeros siglos de nuestra era.
Cuenta la ciudad con el impresionante acueducto de los Milagros, de más de 825 metros de longitud, con tres pisos de arquerías sobre robustos pilares de hormigón que recogía las aguas del pantano de Proserpina. Algunos especialistas en arte han señalado que este acueducto pudo ser la base o el precedente arquitectónico de la Mezquita de Córdoba. Otro de sus acueductos del que sólo se conservan unos derruidos restos en la actualidad es el de San Lázaro, junto al circo romano. Este acueducto traía las aguas desde el valle de las Tomas.
El circo romano fue construido en el siglo I y fue reconstruido en el siglo IV. Tiene planta de rectángulo alargado con los lados menores curvos y está dividido en dos por la “espina” en sentido longitudinal. Fue realizado con materiales de mampostería con algo de sillares y hormigón. Se usaba fundamentalmente para desarrollar carreras de carros en su interior e incluso fue habilitado para combates navales o Naumaquias con posterioridad. Sobresale también el puente romano sobre el río Guadiana de más de 790 metros que atraviesa la ciudad por donde antes pasaba una antigua calzada romana que desde la Betica, ascendía a la región de Lusitania y la Tarraconense. Este puente ha sido considerado como el puente más largo que ha existido jamás en España, consta de 60 arcos de medio punto y conserva la mayor parte de la traza originaria además de su fábrica primitiva de los tiempos augusteos, a pesar de las continuas reparaciones que han tenido lugar con el paso de los años.
Entre los monumentos más emblemáticos de la ciudad podemos admirar restos de templos como el de Diana y el de Marte, actualmente capilla de Santa Eulalia, o el Arco de Trajano, emperador hispano, de más de 15 metros de altura. De época musulmana destaca su impresionante alcazaba junto al río Guadiana que conserva un aljibe con pilastras visigodas. Sobre la antigua iglesia de Santa Eulalia del siglo IV se edificó la actual románica del siglo XIII. |