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La Reserva de las Lagunas de Villafáfila
La Reserva Nacional de las Lagunas de Villafáfila se encuentra al noroeste de la provincia de Zamora. Podemos llegar a este impresionante paraje natural a través de la carretera A-6, desde Villalpando, San Esteban del Molar o Benavente, que nos conduce hasta la misma reserva. También podemos acceder desde la misma capital provincial a través de la carretera nacional 630 o la comarcal 612.
La Reserva natural engloba a las poblaciones de Villafáfila, Revellinos, San Agustín de Pozo, Cerecinos de Campos, Manganeses, Tapioles, Villarrín de Campos, Villárdiga, Villalba de Lampreana, Cañizo y San Martín de Valderabuey. Fue declarada Reserva Nacional de Caza en el año 1986 y abarca unas 32.680 hectáreas de terreno -aproximadamente-, goza de especial protección desde su declaración en la década de los ochenta.

Los restos de poblamiento humano más antiguo se reparten a lo largo y ancho de toda la comarca siendo uno de los más antiguos el de Santioste, de época calcólítica, mientras que de la Edad del Hierro existen varios yacimientos en las cercanías de Villafáfila. De época romana destacan los restos de poblamiento de Cañizo, Villafáfila, San Agustín de Pozo y el paraje de Fuente de San Pedro, cerca de Villafáfila. De época visigoda se conserva el denominado Tesoro de Villafáfila. Durante la alta edad media el desarrollo de la zona estuvo muy ligado a la explotación de sus salinas y en pleno siglo XII alcanzó el periodo de mayor explotación e intensificación de la actividad salinera. Las lagunas se convirtieron entonces en la principal fuente de riqueza del entorno. La sal se extraía en las denominadas posadas o pausatas y cabañas. El brutal grado de explotación alcanzado produjo el agotamiento de las mismas y en la actualidad se ha convertido en un interesante paraje especialmente preferido por los amantes de la caza controlada y de los que quieren disfrutar de un paisaje de alto valor avifaunístico.

Agotadas las salinas, la fuente principal de riqueza en la actualidad ha pasado a ser la actividad agrícola y ganadera. El cultivo del cereal, fundamentalmente trigo, cebada y centeno, se convirtió, en época moderna y contemporánea, en la principal fuente de ingresos de los pueblos de la Reserva. También existen pequeñas parcelas dedicadas a la explotación de plantas forrajeras o remolacha, girasol, alfalfa, e incluso algunos viñedos y zonas de pastizal para el ganado ovino.

En estas tierras zamoranas podemos admirar de cerca el espléndido paisaje urbano de típico sabor castellano que encontramos en el interior de sus pueblos. La arquitectura propia de estos parajes ha sabido conjugar la elegancia de las grafías y ornamentos que decoran sus fachadas con la austeridad de los materiales empleados, barro y paja para la elaboración del adobe y del tapial. Estos elementos son fundamentales en muchas de las viviendas de los pueblos de la Reserva. Otro de los elementos más significativos de su entorno arquitectónico en el medio rural son los abundantes y diseminados Palomares.

El palomar ha sido considerado como la construcción más emblemática de toda la Reserva. Están realizados con los mismos materiales que muchas de sus viviendas y se cubren en su mayoría de extraordinarias tejas árabes. Presentan diversas estructuras aunque siempre están orientados hacia el mediodía para recibir en mayor grado la luz del sol. Se dice que sus orígenes se encuentran en los columbarios que los romanos utilizaban en la época clásica para sus enterramientos. Otro de los elementos peculiares de la geografía autóctona es la gran profusión de bodegas excavadas en la tierra en los lugares más elevados. Antiguamente se realizaba en ellas el pisado y prensado de la uva para su conversión en vino.

La población de Villafáfila cuenta entre su patrimonio artístico y monumental con la iglesia parroquial de Santa María, del siglo XV. Es un edificio realizado fundamentalmente con ladrillo y cuyo estilo es gótico final con influencias mudéjares. Ha sufrido posteriores modificaciones que han desfigurado su aspecto originario. Destacan las iglesias de Villalba del siglo XVI en la que sobresale su magnífico artesonado o la de la Asunción de Villalba de Lampreana también del siglo XVI que conserva una extraordinaria torre. La Iglesia de San Martín de Valderabuey conserva un espléndido ejemplar de torre mudéjar y las de Santa María de Villárdiga y Santo Tomás de Revellinos, destacan por su magnífico artesonado.

Entre los festejos más señalados de la comarca destaca la festividad de San Antón en Cerecinos de Campos y la Semana Santa de Manganeses y Lampreana. Sobresale también la romería de Villalba, Villarín o Manganeses que se realiza en mayo en honor de la Virgen del Templo en la ermita de Pajares, Lampreana. Las fiestas patronales de Villafáfila en agosto o las de Villarín en septiembre destacan por sus multitudinarios encierros. En cuanto a su gastronomía sobresalen los platos relacionados con los productos de huerta, el lechazo asado, las patatas con costillas de cerdo y el pollo de corral guisado, aunque tampoco tiene desperdicio alguno la peculiar preparación de sus pichones escabechados.
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