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Alqueva, el mayor pantano de Europa
El gran Lago de Alqueva, en pleno Alentejo portugués a poca distancia de la frontera entre Portugal y España, guarda en sus aguas una de las propuestas más atractivas de turismo activo y aventurero del verano. Navegar por sus aguas a los mandos de un barco a motor tras recibir unas pequeñas lecciones previas es posible ya en el Alqueva.
Navegar plácidamente manejando su propio barco, atracar junto a la orilla para detenerse a pescar o para coger la bicicleta y explorar los alrededores, unirse los tripulantes de varios barcos para compartir el aperitivo o darse un baño juntos, navegar en kayak, organizar una barbacoa en la orilla y luego disfrutar de una copa en cubierta y un apacible sueño en los confortables camarotes... Todo esto es posible en el Lago Alqueva, justo en la frontera entre España y Portugal.

La tradicional sequedad del paisaje alentejano se ha ido alterando a lo largo de las últimas décadas, con la creación de pantanos de aguas tranquilas, rodeados de vegetación, que ofrecen múltiples placeres a los viajeros y que han cambiado de forma radical el paisaje natural y agrícola de la región. Esenciales para el desarrollo del regadío y para el suministro de los pueblos, los pantanos constituyen lugares privilegiados para disfrutar de la naturaleza, para observar la flora y fauna o para practicar deportes náuticos.

El embalse de Alqueva, donde Amieira Marina tiene sus instalaciones, es el lago artificial más grande de Europa. La Presa de Alqueva, de 96 metros de altura y 458 metros de coronación, ha permitido crear un espejo de agua con cerca de 250 km2 y una longitud total de 83 km. Sus márgenes se extienden por unos 1.160 km, más que la costa portuguesa del Atlántico.

La obra recibió hace poco el “Premio Internacional Puente de Alcántara“, instituido por la Fundación San Benito de Alcántara, que tiene una periodicidad bienal, y está destinado a galardonar, dentro del ámbito iberoamericano, la obra pública que reúna mayor importancia cultural, tecnológica, estética, funcional y social, teniendo en cuenta asimismo la calidad técnica y estética y la perfección alcanzada en la ejecución del proyecto.

Aunque el principal atractivo de la propuesta de Ameira Marina es la navegación por el pantano de Alqueva, también puede optarse por atracar el barco en cualquier ribera, tomar la bicicletas y hacer turismo por la región. Es un placer inigualable pasear por estas tierras llanas y claras, que en primavera se cubren de flores blancas y que ofrecen una permanente sucesión de encinas y olivos, de rebaños de vacas y ovejas.

Este es el lugar para descubrir el Alentejo más profundo, una región que se extiende entre llanuras infinitas y montes bajos, con tierras fértiles colmadas de cereales, viñas y alcornoques, donde pastan los ganados. A nuestro paso se encuentra un vasto territorio casi despoblado, sólo salpicado por pequeñas aldeas, carreteras de segundo orden y riachuelos recién nacidos en altitudes que nunca superan los 500 metros. Un campo salpicado por cortijos, aldeas y pueblos con identidad propia, en una demostración de fuerza de la cultura y de la naturaleza, que merece un paseo sin prisas.

En cualquier de ellos puede descubrirse uno de los grandes secretos del Bajo Alentejo: su gastronomía. La cocina de esta tierra pone creatividad en todos sus platos, dándoles un toque de imaginación. Alentejo fue en otros tiempos una gran región productora de trigo. En los bosques de alcornoques y olivos, grandes piaras de cerdos pastan en la llanura. Por eso, el pan, el cerdo y el aceite son la base de una de las cocinas más sabrosas de Portugal, y que las hierbas perfuman con aromas de campo. La sopa es el plato principal; puede ser fría como el gazpacho, o calientes y acompañadas de pan como la sopa de cazón, de bacalao o de tomate con longaniza. El pan también está presente en las migas que acompañan al cerdo, el guiso de cordero o en una sencilla “açorda“ (sopa de pan) alentejana. También la caza es un apartado destacado de la gastronomía de Alentejo y, claro, los muchos pescados que se encuentran en sus ríos y pantanos.

No hay que perderse los quesos y la repostería conventual. Entre los quesos, los más apreciados son los de Nisa, de Serpa y Évora, y nada mejor para acompañarlos que probar un tinto de Borba, Redondo, Reguengos o Vidigueira. Y en cuanto a los dulces... bueno, esta era una zona con muchos conventos y el trabajo de las monjas, juntando huevos con azúcar y almendras, dio como resultado unos pastelillos de sabor muy parecido al mazapán, auténtica delicia que no puede dejar de saborearse.

Aquellos viajeros que busquen una opción más cultural y urbana pueden descubrir los castillos y aldeas del Alentejo, donde disponer del tiempo y espacio que se necesita para disfrutar de unos días tranquilos. Se pueden escuchar las historias de los monjes caballeros de Flor da Rosa, apreciar el paisaje desde el castillo de Evoramonte y pasar unos días en la aldea de São Gregório.

Antaño baluartes indispensables para la defensa del territorio, los Castillos de Frontera son centinelas en el tiempo que cuentan historias. Son historias que vienen de lejos y que nos remiten a la contemplación y curiosidad de los tiempos de antaño, de hazañas heroicas y gloriosas batallas.

Así se parte a descubrir el conjunto de castillos que simbolizan nuestras más profundas y remotas raíces que nos ayudan a comprender la cultura y vivencia de nuestros antepasados. Hay mucho para escoger, por ejemplo los castillos de Alfaiates, Sortelha, Vilar Maior, Sabugal, Castelo Mendo, Castelo Bom, Castelo Rodrigo, Penamacor, Monsanto, Pinhel y la Fortaleza de Almeida. En su mayoría están clasificados como monumentos nacionales, remontándose a los siglos XI, XII y XIII y están profundamente vinculados a la vocación militar de defensa y consolidación del territorio nacional portugués en su permanente pugna contra España.

Pero Alentejo es también el lugar ideal para una escapada romántica. En sus palacios y conventos o en las casas bajas en medio de vastos horizontes, es fácil encontrar calma y refugio en un ambiente tranquilo que hace olvidar la ciudad. Puede pasarse, por ejemplo, un fin de semana en la Pousada de Alvito, donde todo invita a vivir en pareja la belleza acogedora del lugar. Disfrutar de una cena romántica en la calma del claustro de un castillo del siglo XV, que ofrece hoy, con todas las comodidades, el ambiente de la vida en la corte. Después puede recorrerse la Ruta del Fresco en las iglesias de la región, descifrando los secretos que los pintores confiaron a las paredes. Si se quiere conocer más cosas, hay que ir rumbo a Évora al descubrimiento de algunos de los monumentos más bellos del Alentejo.

Respirar el ambiente romántico de la terraza del Palacio de los Duques de Cadaval y admirar los frescos de las intrigantes Casas Pintadas. Deambular por la Praça do Giraldo y Largo das Portas de Moura, admirar sus ruinas romanas, las más importantes de Portugal... y entonces se entenderá por qué es una de las ciudades preferidas de reyes y reinas y está declarada Patrimonio de la Humanidad.
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