El conjunto del yacimiento tiene una extensión aproximada de unos 40.000 metros cuadrados. Dentro de sus murallas más exteriores, unos 10.000 metros pertenecen a la croa, de forma cuadrangular irregular, con los ángulos redondeados.
Es un verdadero arquetipo o modelo formal de castro, con su acrópolis o cros, sus murallas y fosos y sus antecastros. Debido a su monumentalidad y a los hallazgos casuales, como el torques de oro aparecido en 1911, se realizaron excavaciones y trabajos arqueológicos en el Castro desde 1971 hasta 1978. En esta primera fase de excavaciones salieron a la paz muchas estructuras de habitat o de otro tipo en la acrópolis, así como buena parte del sitema de murallas. De 1982 en adelante se limpió y consolidó lo ya descubierto y se continuaron las excavaciones, catalogandose los objetos hallados de cara a exhibirlos en el Museo del Castro.
HORIZONTES CULTURALES
Los objetos hallados en las excavaciones, (torques de oro, cuentas de collar, anillos de oro, hierro, bronce y azabache, una arracada de oro, dos aúreos del augusto Arcadio, broches, fíbulas, y por supuesto cerámica castreña y romana), junto a la organización espacial interior del claustro, sus construcciones, y el propio sistema defensivo, han permitido definir cultural y cronologicamente el yacimiento, y establecer que tuvo un asentamiento continuado y estable importante sobre todo, en época tardorromana o bajoimperial, (siglos III al V después de Cristo). No obstante, en las últimas campañas realizadas se ha podido documentar en el ángulo NE de la acrópolis y por fuera de la muralla principal del lado Este un nivel de habitación anterior a las construcciones y a las defensas tardías que hoy están a la vista. Esta ocupación prerromana, muy localizada en el tiempo debió darse en los siglos II y I antes de Cristo.
Ello hace del yacimiento de Vilallonga un ejemplo de los castros que se ocupan o reocupan después de la conquista romana del Noroeste, y lo convierte en un sitio clave para estudiar y entender el desarrollo y la evolución de la Cultura Castreña en la etapa galaico-romana, ya que conoce su auge en aquella época tardía, conservando estructuras y materiales de tradición anterior, de los castros de la Edad del Hierro, pero aportando rasgos y elementos foráneos, procedentes de otras partes del Imperio romano. |