El estado de Rayastán (también conocido como Rājastān) se encuentra al norte de la India y limita al oeste con Pakistán. Su capital es la conocida ciudad de Jaipur y en sus entrañas podemos encontrar el también conocido desierto de Thar, las montañas Aravalli -en las que se encuentra la única estación de montaña del país, Mount Abu- y el río Ghaggar. A 11 kilómetros de Ajmer se encuentra la pequeña localidad de Pushkar, a orillas del pintoresco lago del mismo nombre. En este lugar se concentra durante unos días una cantidad inmensa de personas en lo que sin duda es el evento cultural de mayor calado en esta región de Oriente: la Feria de Camellos de Pushkar.
Durante una semana entera del mes de noviembre -concretamente durante 7 días comenzando en Noami, el noveno día del mes de Kartik del calendario hindú, y finalizando en el Kartik Poornima, día de luna llena-, en esta pequeña ciudad del estado norteño de Rajasthan se celebra la mayor feria de compraventa de camellos del mundo, algo que a primera vista puede parecer falto de interés pero que, a buen seguro, constituye uno de los fenómenos culturales más vistosos e interesantes de todo Oriente. No es, pues, un mero mercado de ganado.
Efectivamente, la feria es mucho más. Alrededor de este magnífico evento comercial, se celebran numerosos festejos religiosos en torno al único templo de la India dedicado al dios Brahma, el creador según el panteón hinduista. Los devotos toman un baño sagrado en las aguas del lago Pushkar.
De acuerdo con la leyenda, el lago Pushkar fue formado donde Lord Brahma – el señor de la creación- dejó caer un flor de loto en una noche de luna llena. Todos los noviembres, la famosa Feria de Pushkar se lleva a cabo durante 7 días comenzando en Noami, el noveno día del mes de Kartik del calendario hindú, y finalizando en el Kartik Poornima, día de luna llena. En la Feria lo principal es el comercio de cientos de camellos, como también de caballos y ganado. El espectáculo es increíble a los ojos de los que no están acostumbrados. Lo primero es la abrumante cantidad de camellos, todos puestos a punto para que los posibles compradores se enamoren de estos ejemplares. Lo segundo es la misma gente, vestida con blancas túnicas y turbantes, aclimatados en el calor sofocante del Sahara. Los únicos que se ven fuera de contexto en esta pintura de las mil y una noches son los turistas.
Durante esos días se lleva a cabo además un gran intercambio comercial entre artesanos y comerciantes y las familias se reúnen para intercambiar chismes y estudiar prospectos matrimoniales.
Uno de los mayores atractivos de estos días es, sin duda, el Safari de Camellos que, al abrigo de la Feria, permite a propios y extraños experimentar lo que es atravesar las áridas dunas del desierto a lomos de un camello para contemplar, entre otros tesoros, cómo va cambiando el color de la arena conforme van cayendo las horas a lo largo del día. |