La población se asienta en la parte más baja de una cañada y entre altos cerros, situación que le ha provocado graves inundaciones a lo largo de su historia. Limita al Norte con La Guardia, al sur con Madridejos, al este con la población de Lillo y al oeste con la población de Mora. Entre Tembleque y Madridejos comienza la más meridional de las alineaciones de los Montes de Toledo, al pie de la importante culminación de la Sierra Calderina. Arranca su alineación central en el paso del congosto y la meridional cerca del puerto de Yébenes. Las Sierras de las Calderina, Guadalerzas y Yébenes están separadas entre sí por amplias llanuras de altitud superior a los 700 metros.
Muy cerca de la población nos encontramos con el embalse de Finisterre y un poco más alejado el embalse de Castro. Carece del aporte fluvial de otras poblaciones cercanas al Tajo.
La zona presenta un clima de tipo submediterráneo continental. Los veranos son más bien calurosos y presentan unas temperaturas medias que pueden llegar a alcanzar los 25 ºC en julio. Sin embargo, los inviernos no son muy fríos, con temperaturas que oscilan entre los 4 y 6ºC de media en enero. Las precipitaciones anuales no alcanzan los 400 mm, siendo una zona especialmente seca debido a la acción obstaculizadora de las montañas circundantes que impiden la llegada de los vientos marítimos, más húmedos. Es una zona caracterizada por su fuerte continentalidad. Las heladas nocturnas pueden aparecer en otoño y prolongarse hasta bien entrada la primavera.
La vegetación es la que predomina en la meseta meridional. Destacan los ejemplares de coníferas y algún ejemplar de roble. La encina, especie importante en estas regiones manchegas, han sufrido la devastación provocada por la depredación del hombre y han quedado reducidas a simples manchas aisladas o simples dehesas que se diseminan por los alrededores. Conforme aumenta la altitud, las encinas dejan paso a esta vegetación arbustiva más densa, integrada por rebollos y sabinas. En cuanto a la fauna merece especial la contemplación de una muy variada y rica gama de especies de caza menor y mayor.
La evolución demográfica de Tembleque ha sido regresiva durante todo el siglo XX. En el año 1920 Tembleque contaba con una población de 3627 habitantes. Durante la guerra civil sufrió otro parón demográfico importante. Durante la década de los sesenta la población notó cierta mejoría gracias al empuje del desarrollo económico experimentado en toda la provincia. Sin embargo, en el año 1991 contaba con 2141 y en la actualidad ha bajado a 2121 personas. Esto se debe al despoblamiento originado por la atracción de otros núcleos urbanos más importantes como Consuegra, Mora, Los Yébenes, Sonseca, Ocaña, Toledo e incluso Madrid. Núcleos que atraen a grupos de población activa importantes que buscan mayores oportunidades y que amenaza con el envejecimiento acelerado de la población en los núcleos originarios.
Se han encontrado restos de poblamientos muy antiguos en su término municipal. En él se instalaron tribus celtas de los carpetanos y poco después fue romanizada, al igual que los territorios vecinos. Sin embargo, no se dispone de restos importantes que atestigüen este proceso de romanización.
La cocina de Tembleque cuida con esmero los platos más típicos de la región, sobre todo los relacionados con la carne de caza menor. Entre sus primeros platos destaca la perdiz estofada o en escabeche, las truchas, las judías con perdiz, conejo, cuchifrito, pisto manchego, duelos y quebrantos, gazpachos, etc. Otros platos especiales son el cordero recental, la sopa cana, el revuelto, los sequillos, las gachas, el caldillo de patatas y las migas.
Sobresale el término de Tembleque por su tradición artesana, especialmente en los trabajos relacionados con la forja, el mueble, el vidrio y los textiles. Cerca de la población podemos acercarnos a Venta de Peñas Aguilera, célebre por sus trabajos en cuero o a los Yébenes para conocer los trabajos de taxidermia.
La población de Tembleque celebra sus tradicionales fiestas patronales en el mes de agosto con verbenas, desfiles, bandas, tren callejero, folclore popular autóctono y bailes típicos. Otras fiestas de especial interés son los carnavales con el concurso de carrozas y máscaras y el fervor con el que se celebran las procesiones de Semana Santa. |